La cumbre entre Donald Trump y Vladimir Putin en Alaska se presenta como un encuentro con objetivos y expectativas dispares. Trump, a pesar de declaraciones iniciales optimistas sobre un posible acuerdo para detener la invasión rusa de Ucrania, ha moderado su discurso, calificando la reunión incluso, como un simple “ejercicio de escucha” que requerirá de nuevos acercamientos.
Por su parte, el Kremlin, ha reiterado y negando la expectativa de acuerdos formales, y ha enfatizado en la importancia de la cumbre para normalizar las relaciones entre Rusia y Estados Unidos, presentando a Putin como un actor clave en la escena internacional.
Así las cosas, el encuentro entre Donald Trump y Vladimir Putin que iniciará a las 2:30 p.m. hora local, se presenta como un evento de alta incertidumbre en especial para el gobierno y el pueblo ucraniano, ya que fue organizada a contrarreloj y sin la presencia de Ucrania.
Para algunos este acercamiento es más una táctica de Putin buscando una acción dilatoria, mejorando sus relaciones con Washington o reafirmando la influencia rusa sobre Ucrania, y por su parte, muchos consideran que Trump busca consolidar su imagen como un negociador eficaz y alcanzar una victoria diplomática internacional, buscando por qué no, la obtención del Premio Nobel de la Paz. La postura volátil de Trump sobre la guerra, oscilando entre el acercamiento al Kremlin y la crítica a Putin, añade una capa extra de complejidad a la situación.
La Cumbre Trump-Putin una negociación dispar

La ausencia de Ucrania en las negociaciones es un factor crucial. Zelenski ha dejado claro que cualquier acuerdo que no incluya a su país está destinado al fracaso, y la mayoría de los ucranianos se oponen a las concesiones territoriales exigidas por Rusia.
Los medios estatales rusos a su vez, han impulsado esta narrativa. presentando la cumbre como un encuentro entre líderes con influencia global. Además, la presencia rusa se centra en proyectar una imagen de potencia mundial, utilizando la analogía con la conferencia de Yalta para reforzar su legitimidad y restar importancia al conflicto en Ucrania.
Trump, aunque ha rechazado la idea de que la reunión sea una recompensa para Putin, reconoce la posibilidad de una segunda cumbre que incluya a Zelenski, lo que indica que la reunión en Alaska sirve como un paso estratégico hacia futuras negociaciones, pero, no un fin de la guerra como se ha querido proyectar.
Ahora bien, la influencia real de Estados Unidos sobre Rusia también es cuestionable, dada la resistencia de Putin a las sanciones y la continua dependencia energética de varios países del petróleo ruso. Por todas estas posturas y percepciones, el resultado de la cumbre permanece incierto, con el riesgo de que se convierta en un mero ejercicio de propaganda o en una oportunidad perdida para avanzar hacia una solución pacífica del conflicto.
En última instancia, las consecuencias para Ucrania y el orden mundial dependerán en gran medida de los resultados, o la falta de ellos, de este encuentro, ya que marca su regreso al escenario internacional de dos grandes de la escena mundial, unido al regreso de Putin que ha estado aislado por su invasión de Ucrania. Independientemente del resultado, la reunión en sí misma sí ha servido a los intereses rusos, proyectando una imagen de poder y legitimidad que el Kremlin buscaba desesperadamente.